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EMBODIED COGNITION

Actualizado: 14 feb


 
Episodio del podcast de la Fundación AISSE sobre "embodied cognition" en YouTube
 

La embodied cognition o cognición encarnada o corporeizada propone que los procesos cognitivos (pensamiento, lenguaje, memoria...) no pueden entenderse de forma aislada del cuerpo que los sustenta ni de la interacción activa con el entorno físico y social. A diferencia de las posturas más clásicas (que situaban la mente como un procesador abstracto de símbolos independientes del sustrato físico), la cognición encarnada afirma que la forma en que percibimos, actuamos y sentimos influye directamente en cómo pensamos. Este enfoque integra elementos de neurociencia, psicología, filosofía y ciencias cognitivas y ha tenido un impacto significativo en áreas como la rehabilitación neurológica, la psicología del desarrollo y la comprensión de trastornos que afectan la relación cuerpo-mente, en oposición a las visiones clásicas y cartesianas que dividían la mente de lo corpóreo.


A continuación, se exponen los principales postulados y fundamentos de esta corriente, en relación al capítulo del podcast que le dedicamos, con la neuropsicóloga Paula Iglesias y el neurofisioterapeuta Juan Anaya comentando sus impresiones sobre la aplicabilidad clínica de esta teoría. Los dos profesionales señalan que en la clínica diaria se ve con claridad cómo, si se ignora el componente motor o sensoriomotor al diseñar intervenciones para potenciar la cognición, los resultados pierden funcionalidad.  Durante la conversación se hizo hincapié en que las áreas cerebrales somatosensoriales y motoras tienen conexiones bidireccionales muy potentes, lo cual explica por qué procesos en apariencia puramente sensoriales pueden disparar patrones motores y viceversa. Además, la experiencia corporal (por ejemplo, explorar objetos, mantenerse de pie, deambular, manipular herramientas) configura mapas cognitivos que van mucho más allá de lo motor.


El papel activo del cuerpo en la cognición


Según la teoría de la cognición encarnada, el cuerpo no es simplemente un vehículo pasivo para la mente: las experiencias corporales modelan la forma en que se conforman nuestras representaciones cognitivas. Por ejemplo, la forma en que aprendemos y entendemos conceptos abstractos suele partir de experiencias sensoriomotoras (como usar el espacio, la postura, la manipulación de objetos...). Estudios de neuroimagen sugieren que, al evocar mentalmente acciones o representaciones (por ejemplo, la palabra correr), se activan parcialmente las mismas áreas sensoriomotoras del cerebro implicadas en la ejecución de esas acciones (Pulvermüller, 2013).


Integración con el entorno


La cognición no ocurre exclusivamente dentro del cerebro aislado, sino que está distribuida: el individuo actúa y construye significado a través de la percepción y la acción en un contexto físico y social específico. En la terapia neurológica esto ha llevado a un mayor énfasis en la interacción real con el ambiente y en la importancia de las tareas significativas (basadas en actividades de la vida diaria) para estimular la recuperación funcional.


Conexión con el sistema sensoriomotor


Un argumento fundamental de la cognición encarnada es que el cerebro utiliza de forma continua las redes sensoriomotoras para procesar y representar ideas, incluso aquellas que parecen abstractas (Kiefer & Pulvermüller, 2012). Esta visión contrasta con el enfoque del símbolo amodal, donde las representaciones mentales se suponían puramente abstractas y desvinculadas de la experiencia corporal.


Importancia en la comprensión de los trastornos neurológicos


Desde el punto de vista clínico, considerar cómo el cuerpo participa en la creación de significado ayuda a diseñar intervenciones que promuevan el uso activo de las habilidades sensoriomotoras. Por ejemplo, en pacientes con hemiparesias, la experiencia motora guiada por la intención y por la acción con significado puede favorecer la reorganización de las redes neuronales y mejorar la función motora. La neurorrehabilitación basada en tareas (task-oriented training) parte de estos principios de cognición encarnada al buscar reproducir en terapia situaciones lo más cercanas posibles a la vida real, integrando al máximo los sistemas perceptivos y motores.



Relación con las neurociencias

Por ejemplo, los descubrimientos sobre neuronas espejo han sido un soporte empírico para la cognición encarnada: ver a alguien realizar una acción activa en nuestra corteza motora patrones similares a los que se producirían al realizar la acción nosotros mismos (Cattaneo & Rizzolatti, 2009). Este mecanismo sugiere que la percepción y comprensión de las acciones ajenas dependen de la simulación interna de los actos en el propio sistema motor, lo que refuerza la idea de que la cognición se enraíza en la experiencia corporal.


Asimismo, estudios de plasticidad cortical evidencian que la práctica de tareas con significado (donde la cognición, la emoción y el movimiento confluyen) reestructura las redes neuronales con más eficacia que la ejercitación analítica de componentes aislados (Gallese & Sinigaglia, 2010). En la conversación del podcast se recalcó cómo los abordajes puramente motores pierden valor si no se integran las variables cognitivas (atención, planificación, memoria de trabajo) y, a la inversa, cómo las terapias puramente cognitivas fracasan en la generalización si no incorporan la dimensión corpórea y contextual.


Paula Iglesias y Juan Anaya ponen varios ejemplos ilustrativos: aprender a calcular no se reduce únicamente a operaciones abstractas, sino que cuando se vincula a objetos físicos (caramelos, monedas) y a contextos reales (hacer la compra), se facilitan procesos atencionales, mnésicos y ejecutivos. Esto se debe a que la mente lee las pistas del entorno y preactiva redes que después hacen más eficiente la acción.


En el podcast surgieron multitud de anécdotas clínicas que confirman la inseparabilidad de cognición, acción y entorno, con ejemplos que Paula y Juan utilizan para explicarlo:


  • La heminegligencia y la bipedestación: Se resaltaba el caso de ciertos pacientes con hemiparesia y heminegligencia derecha que caminan mientras ignoran sistemáticamente su lado izquierdo. Si el fisioterapeuta trabaja únicamente patrones de marcha sin obligar al paciente a atender y a usar el espacio izquierdo de forma intencionada (por ejemplo, colocando objetos significativos a ese lado), la mejoría motora no se traducirá en un funcionamiento global.


  • Aprendizaje motor en la infancia: Se puso de relieve cómo en niños el cuerpo y el entorno forman la base para el aprendizaje. Entrenar la cognición de manera aislada puede llevar a progresos poco transferibles. En cambio, proponer actividades lúdicas donde se manipulan objetos o se exploran espacios reales genera una integración mucho más sólida de la percepción, el movimiento y la dimensión cognitiva.


  • La importancia de la conducta anticipatoria: Al abordar las teorías en acción (in action), se explicó que el cerebro humano (y el de muchos mamíferos) funciona de forma predictiva. No esperamos a percibir para reaccionar; generamos hipótesis sobre lo que va a ocurrir y nos preactivamos. Esto pone en evidencia que separar cognición (predicción) de movimiento (acción) carece de sentido, pues en el movimiento ya está implícita la comprensión y la anticipación del entorno.


Desarrollo y aprendizaje


En la infancia, el desarrollo cognitivo va de la mano de la exploración sensoriomotora: tocar, probar, manipular, desplazarse... El conocimiento sobre el mundo y sobre uno mismo se construye encarnado, y esto moldea la forma en que más tarde representamos la realidad. Las ciencias de la educación y la terapia ocupacional se han inspirado en estos postulados para fomentar prácticas educativas y de rehabilitación más activas, que involucren el cuerpo y el entorno de manera directa (Gallese & Sinigaglia, 2010). El punto de vista de los participantes del podcast al hablar sobre población adulta no difiere de este enfoque. Juan Anaya mencionaba cómo, en casos donde se persigue la funcionalidad de la marcha tras un ictus, no basta con movilizar pasivamente o entrenar patrones motores aislados: es esencial que el paciente use el movimiento en interacción con el medio (subir una rampa, sortear un bordillo, desplazarse entre muebles...). Lo mismo ocurre en neuropsicología: una persona con dificultades atencionales o ejecutivas se beneficia de entornos que ofrezcan pistas naturales (visuales, auditivas, posturales) en vez de sobrecargarla con instrucciones puramente verbales.


Relación con otras corrientes


La cognición encarnada converge con la llamada neurofenomenología (Varela y colaboradores), la cual enfatiza la conexión entre las experiencias subjetivas y su substrato biológico. En el campo de la salud, esta perspectiva ha impulsado programas de intervención transdisciplinares que van desde la fisioterapia (donde el cuerpo es el eje principal de trabajo) hasta la logopedia (explorando cómo la articulación del habla participa en la formación de la representación lingüística), integrando así el movimiento y la percepción en el corazón de la terapia y la recuperación.


Implicaciones clínicas y ejemplos de intervención


Evaluación encarnada de la cognición


Juan Anaya y Paula Iglesias hicieron referencia en el podcast a investigaciones que proponen sistemas virtuales o plataformas interactivas para valorar funciones ejecutivas o atencionales vinculadas al movimiento. Si bien estos recursos pueden servir como alternativa a la clásica prueba de lápiz y papel, el propio debate en el podcast sugería llevar aún más la evaluación a entornos analógicos y reales. En otras palabras, identificar las dificultades cognitivas mientras el paciente realiza tareas motoras significativas (tareas domésticas, ejercicios de orientación en sala...).


Intervención holística y la importancia de la tarea significativa


Una conclusión central del episodio fue la necesidad de diseñar intervenciones que integren todas las dimensiones: lo sensorial, lo motor, lo cognitivo y lo emocional, con un fuerte anclaje en el contexto real del paciente.

  • Ejemplo en adultos con daño cerebral: Aprovechar su rutina diaria para generar experiencias de aprendizaje (por ejemplo: planificar una comida, ir al supermercado, preparar la mesa...), de manera que se recluten simultáneamente procesos de atención, memoria de trabajo, praxias y control motor fino.

  • Ejemplo en infantil: En lugar de insistir en patrones típicos de desarrollo motor, facilitar la exploración y la actividad lúdica, permitiendo que el niño encuentre soluciones en función de sus recursos (fisiológicos y cognitivos).


El entorno como recurso principal del tratamiento


Como ya señalamos más arriba, el podcast insistió en que la realidad virtual, las salas multisensoriales o los ejercicios puramente de ordenador pueden ser puntualmente útiles, pero que rara vez superan la riqueza del entorno real. El cerebro se sincroniza con las claves naturales (propiocepción, visión, audición y afecto social) para modular de forma efectiva el reaprendizaje tras una lesión. La Importancia de la participación social y el entorno familiar conecta la neuropsicología y la neuroterapia ocupacional, subrayando que el verdadero progreso se logra cuando se llevan a cabo actividades significativas, familiares y socialmente enriquecedoras.



Conclusiones


La conversación entre Paula Iglesias y Juan Anaya en el primer episodio de #NeuroPsychoClub de la Fundación AISSE ilustra la validez clínica de la embodied cognition. Concluimos que:


  • Cognición y acción son un continuo, no se pueden escindir. La mente no se reduce a procesamiento abstracto; piensa y razona a través del cuerpo y en constante diálogo con el entorno.


  • El contexto real potencia el aprendizaje y la recuperación: La terapia en neurociencia clínica exige entornos que ofrezcan claves naturales (visuales, auditivas, motoras, afectivas) y tareas con sentido funcional.


  • El diseño de la terapia ha de ser flexible, significativo y ajustado a cada persona: Se han de considerar sus dificultades, sus fortalezas y las motivaciones intrínsecas que refuercen la práctica repetida y activa.


  • El objetivo final es la funcionalidad y la autonomía: Movilizaciones pasivas o tareas aisladas raramente generan mejoras que se trasladen a la vida diaria; en cambio, la interacción con objetos reales y desafíos contextuales sí promueve la reorganización cortical y el aprendizaje.


La relevancia práctica de la cognición encarnada se deja ver en todos los aspectos de la terapia, desde la evaluación hasta la intervención. Su filosofía invita a romper barreras disciplinares y a trabajar de manera coordinada (neurofisioterapia, neuropsicología, neuroterapia ocupacional, neurologopedia, psicología clínica, neurológía, neurorrehabilitación...), ofreciendo terapias más cercanas a la realidad diaria del paciente y, en definitiva, más eficaces (y frecuentemente mucho más baratas también).


La idea esencial de la cognición encarnada es que la mente y el cuerpo forman una unidad indisoluble. La manera en que sentimos, nos movemos e interactuamos con el mundo define y modula nuestra cognición.



Referencias:




 

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